Francisco Rangel Cáceres
Banderas
al viento
Hay que tratar a las
personas como adultos, como socios; con dignidad; con respeto.
Tratarlas a ellas como la
fuente principal del aumento de la productividad
Tom
Peters. En Busca de la Excelencia.
C
|
on
la finalidad de fortalecer la calidad de la oferta educativa de diversas
instituciones de educación superior y que ésta responda con pertinencia a las
demandas de la sociedad, he tenido la oportunidad de reunirme y charlar con
numerosos grupos de empleadores en varias partes del país.
La productividad solo se eleva contando con las
personas.
Independientemente
de haber realizado las entrevistas en el altiplano, la frontera, el sur o el norte
del país, los resultados obtenidos presentan un patrón consistente en las
expectativas del sector empresarial, ya que coinciden que del sistema educativo
de nuestro país egresan los jóvenes con deficiencias en su formación académica
y profesional.
Entre los principales señalamientos del mercado laboral resaltan: la falta de competencias sociales como liderazgo, trabajo en equipo, y coordinarse con otros; carencia de habilidades analíticas, creativas y de innovación; deficiencias en las competencias comunicativas, expresión oral y escrita; pobre dominio del idioma inglés; escasos conocimientos y habilidades en el manejo de herramientas, equipos, sistemas y procesos relativos a su campo de formación; entre otros.
La
falta de eficiencia y eficacia de las instituciones de educación superior
provoca que las organizaciones inviertan más recursos en la capacitación para
la nivelación de conocimientos y habilidades de los egresados, los cuales se
supone que ya fueron adquiridos previamente, para eso estuvieron preparándose
durante varios años, aunado a que la sociedad ya invirtió en su formación. Para
elevar la productividad se requiere contar con el apoyo decidido y solidario de
todos los trabajadores.
La importancia de la capacitación para elevar la productividad
El problema no es que invierta el sector productivo, sino que el proceso de selección y contratación se hace pausado y caro por la falta de capital humano con las competencias pertinentes a los requerimientos de los puestos de trabajo. Por otro lado, la curva de aprendizaje del personal contratado es lenta, redundando en baja productividad y pérdida de competitividad como sector y país. Lo anterior se ve reflejado en el Reporte de Competitividad Global 2017–2018 publicado por el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés), donde ubica a México en la posición 51 en el ranking general de 137 economías. Por si fuera poco, en este mismo estudio, el pilar de educación superior y capacitación aparece en el lugar 80, y el pilar de instituciones en el lugar 123, ambos muy por debajo del índice global.
Considero que para contribuir a la mejora de las instituciones gubernamentales y no gubernamentales del país se debe implementar un proyecto nacional de desarrollo con visión de futuro a mediano y largo plazo, donde los programas de dichas instituciones, así como los programas de desarrollo de las entidades federativas y los municipios se alineen a la visión nacional.
Dicho
proyecto nacional debe surgir con base en un diagnóstico real de las
necesidades de los organismos empresariales, municipios, entidades y regiones
del país, articulando las acciones de los diferentes sectores público, privado
y social, provocando que los programas educativos de las instituciones de
educación superior estén vinculados a la realidad social y económica que
requiere la nación en cuanto a los niveles y tipos de formación profesional por
áreas y sectores. La capacitación y educación para el trabajo debe convertirse
en una eficaz política pública.
A manera de reflexión
A lo largo de 37 años de experiencia profesional y laboral, he llegado a la siguiente conclusión, el alma motora del país es el capital humano, su actitud y aptitud sin duda determinan el éxito de las familias, de las comunidades, de las organizaciones y de la sociedad. De ahí la importancia de pugnar por hacer mejor lo que nos toca realizar a cada uno de nosotros, de continuar fortaleciendo a las instituciones, de esforzarnos por lograr mejores estándares de calidad de vida, y seguir invirtiendo en el recurso más importante que posee la sociedad, las niñas, los niños y los jóvenes.
Córdoba,
Veracruz, febrero de 2018
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